Cerrando el curso con ciencia, mujeres y mucho más

Cerramos un curso con el aprendizaje de que el sembrar las vocaciones científicas en niños y niñas se enfrenta a grandes desafíos. Por un lado, por supuesto, la del género, ¿cómo hacer que se proyecten las niñas como protagonistas de las aventuras científicas con semejante falta de referentes? ¿cómo hacer que los niños integren de forma natural que sus compañeras son igualmente capaces de hacer ciencia? Pero es que además, ¿cómo abordar esto cuando la identidad de género no es una simple disyuntiva binaria chico vs chica, y cuando, además, en la infancia , ya se está dando ese proceso de autoconstrucción y autonococimiento? Porque que el sexo/género entendido desde el binarismo es algo que científicamente está obsoleto, y, de hecho, ese cuestionamiento nos ha hecho reflexionar sobre el título de nuestro curso de “Mujeres y Ciencia”. Porque si miramos sólo a quienes nos entendemos como mujeres con respecto a la carrera científica, ¿nos estamos dejando fuera algo importante? ¿Y cómo aplicar esto a la enseñanza?

En los últimos tiempos hemos visto fortalecerse un discurso en el que se anima a las niñas a perseguir sus sueños pero sin hacer una revisión crítica del modelo que hace que la ciencia (dentro de la academia) sea una historia de hombres blancos occidentales y de un determinado nivel socioeconómico. Y es que a pesar de algunas excepciones, el desarrollar una profesión científica está reservado a quienes se lo pueden permitir económicamente, y eso excluye a muchos colectivos atravesados por otras variables además de la del género, como la clase o raza (entendida esta como construcción social, no biológica).

Foto: Tip Junkie

Partiendo de que, obviamente, a quienes hacemos divulgación científica con infancia, se nos escapa cambiar el modelo de hacer carrera investigadora, sí nos parece muy necesario incorporar una mirada crítica a nuestros materiales y recursos docentes. Porque niños y niñas necesitan conectar con esa curiosidad, despertar esa apetencia, y eso no se consigue con un imaginario y recursos alejados de la diversidad real de las aulas. Y para eso, formadores y formadoras nos tenemos que preguntar a qué puerta estamos llamando cuando nos dirigimos al alumnado. En nuestro caso, creemos que el interés por la ciencia ha de cultivarse desde el deseo, la diversión, la experimentación (para lo cual hay bastantes materiales innovadores), lo cual tendrá mucho mayor calado si se produce una conexión con las experiencias de niños y niñas. En nuestros últimos talleres en el CEIP Pardo Bazán, en  los que incorporamos algunos diseños nuevos, nos mostraron cómo esto es así.

Así que, cerramos este curso y encaramos el siguiente no sólo con ese aprendizaje sino también con un deseo, el de seguir aprendiendo más y más para poder ofrecer a todos los niños y las niñas metodologías que estén a la altura de su capacidad para soñar y cambiar el mundo.